dima
  • Estanca

    Los viejos paisajes se convierten en nuevos objetos esculpidos por el tiempo. La yerba crece imparable formando nuevos mapas sobre esos mismos objetos. Los pasados a los que volver han cambiado su anatomía, y aun siendo los mismos, están llenos de otra vida, de otra huella. Cómo pensarnos de nuevo, cómo volver sin camino de vuelta, cómo integrar estos pasados en nosotros. Ese es el verdadero reto que hay que asumir. “No perdamos nada del pasado. Sólo con el pasado se forma el porvenir” decía Anatole France. La Estanca es uno de los muchos lugares donde yo solía jugar de pequeño, y es uno de los muchos lugares que han cambiado su forma, se han transformado y aunque pueda volver igualmente, todo ha cambiado, yo he cambiado. Esos juegos ya no me tocan, ese lugar ya no me toca. Saber cuándo hay que dejar ir, soltar, cambiar, evolucionar, contemplar con aceptación viejas etapas que fueron en nosotros y que nos dieron forma, para pasar a un nuevo devenir pudiendo mirar a los ojos a nuestro pasado. Hay planetas que orbitan dentro y unos se cansan y desaparecen y otros regresan y nos tambalean y nos hacen regresar. Lo irrefutable es que somos bosque para entender la magia de nuestra naturaleza, y somos pasado para entender la magia de lo desconocido.